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La colección que primeramente vino a conformar el patrimonio del museo se componía de piezas de la autoría de Perlotti y de artistas amigos y conocidos del escultor, entre ellos cabe mencionar a Benito Quinquela Martín; Fidel Roig Matons; José Cataldo; Antonio Nerone, entre otros. Esta primera colección también contaba con: dibujos, grabados, caricaturas y pinturas de artistas contemporáneos a Perlotti, objetos arqueológicos y artesanías que el escultor recopila en sus viajes al norte argentino, Bolivia y Perú.
Con el correr de los años, este primer acervo del museo se fue enriqueciendo, a través de la donación de colecciones y obras, por parte de artistas contemporáneos o de sus familiares. Algunos de ellos son: Alfredo Yacussi, Osvaldo Mayato, Juan Carlos Ferraro, Héctor Nieto, Lázaro Djibilian, etc. La totalidad del mismo comprende más de 1400 piezas, que abarcan una gran variedad de géneros escultóricos, plasmados en diversos materiales, como: la madera, el mármol, el bronce, la cerámica, la piedra reconstituida, el yeso, el cemento, etc. Una colección de medallas; dibujos; pinturas; grabados y piezas de las artes decorativas lo completan.
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La escultura indigenista
Las corrientes de pensamiento indigenista, que generan los principales intelectuales latinoamericanos de las primeras décadas del siglo XX, tienen como principal exponente, a nivel teórico, en la argentina a Ricardo Rojas. Perlotti es llamado por Rojas “El escultor de Eurindia”. El escultor adhiere a los postulados de estas ideas y en su producción escultórica encontramos una buena parte que responde a estas inquietudes.
Dentro de su producción de corte indigenista podemos encontrar los siguientes ejes: Retratos arquetípicos de las principales etnias originarias; Mitos y leyendas, de la selva y de los andes y El mestizaje.
Los retratos arquetípicos son en su mayoría bustos tallados en madera de la región: quebracho, palo santo, lapacho, etc. En ellos el escultor supo captar los rasgos físicos y las particularidades étnicas creando un arquetipo colectivo. De esta serie podemos mencionar principalmente a: Xavante (1967); Guaraní (1941); Yungueño (1926); Acuyico (1926); Quechua (1939); Querandí (1952); etc.
El mundo de las creencias y las narraciones que conforman el imaginario de los pueblos originarios ocupan también un lugar importante en la obra del escultor. Estas actividades mágico-religiosas respaldaban la supervivencia del grupo, con celebraciones que reiteraban las hazañas y
dificultades que el héroe mítico había superado, para dar nacimiento a su estirpe. Asimismo, este respaldo religioso les permitía sobreponerse a las adversidades climáticas que ponían en juego la supervivencia del grupo. Para ilustrar la importancia de estas ceremonias, el escultor eligió algunos rituales de los pueblos de la región andina y otros protagonizados por los habitantes de la selva.
Del mundo guaraní eligió la leyenda de la Flor del Irupé que ilustra el sacrificio de una doncella transformada tras su muerte en la “Victoria Regia” que nace en la selva subtropical. Otra de las poéticas narraciones refiere al origen de las Cataratas del Iguazú y el salto Garganta del Diablo. Algunas de las piezas relacionadas con esta temática son: Flor de Irupé, en sus diferentes versiones en bronce, madera, mármol de Carrara, cemento y cerámica; Sacrificio de una Virgen y Oración al Dios de la Lluvia.
Referido a la cosmogonía del mundo andino, Perlotti toma la La danza de la flecha que se celebraba en las proximidades de Cuzco para honrar al Sol; durante el rito una doncella se sacrificaba clavándose ella misma una flecha en el pecho. Esta ceremonia continuó realizándose después de la llegada de los europeos. La danza del cóndor fue otro de los rituales incaicos, que impacto al escultor, en el los guerreros participantes imitaban el vuelo de los cóndores al son de la música ejecutada con instrumentos autóctonos. El museo posee dos versiones, una en escultura de bulto y otra en relieve.
En lo que refiere al mundo del mestizaje, Luis Perlotti eligió los personajes más representativos de la sociedad colonial. Dolor indio muestra a un guerrero nativo dominado y vencido por el invasor para señalar el padecimiento de su pueblo por tener que someterse a otra cultura.
La Laika Paya señala la aflicción de las mujeres sabias, de aquellas que se ocupaban de curar con pócimas y brebajes el mal que padecía su pueblo, cuando el conquistador la privó de su función. El tirador de honda sintetiza la resistencia que los pueblos originarios opusieron a la agresión de los españoles que arrasaron sus poblaciones.
El retrato de La Niña de Cuzco expresa la resignación de los habitantes del incanato tras el ocaso y destrucción del Imperio Inca. Para mostrar su condición noble la adorna con el tocado característico de su clase. El grupo escultórico La oración alude a la llegada del cristianismo al continente y representa a una madre y su hijo de rodillas para rezar, tal como lo impone la nueva religión.
El relieve Las tejedoras muestra a un grupo mujeres cumpliendo su tradicional trabajo en las sociedades autóctonas, el trabajo textil.
En el ámbito de la llanura, El arriero encarna al hombre pampeano ocupado de reunir y cuidar el ganado. Martín Fierro, personaje fundamental de la literatura nacional, simboliza al prototipo del gaucho que se identifica con la esencia argentina, en especial tras la irrupción migratoria de fines del siglo XIX y principios del XX.
Colección Perlotti
Personalidades del bohemia cultural porteña
En la producción escultórica de Perlotti, también sobresalen los retratos de las personalidades centrales del quehacer cultural porteño de su época; es su modo de rendirles homenaje por la labor desarrollada para renovar las artes y las ciencias. Estas figuras representativas del teatro, la
literatura, la plástica, la historia y la música conformaron la bohemia que asiduamente se reunía en el Café Tortoni para compartir ideas, inquietudes y teorías relacionadas con las nuevas corrientes difundidas por entonces.
En bustos y relieves plasmó las imágenes de aquellos hombres y mujeres que afianzaron la cultura argentina en el período comprendido entre 1920 y 1940, quienes fueron los verdaderos artífices en el renacimiento de las ideas que apuntaban a recuperar la identidad perdida a raíz del cosmopolitismo que deslumbró a la élite.
De todas estas figuras paradigmáticas que retrató se destacan la de aquellos investigadores del pasado nacional como Paul Groussac y Ricardo Levenne; los de la literatura como Ricardo Rojas, teórico del indigenismo y de la identidad americana y Arturo Capdevila, que en sus narraciones puso el acento en el terruño natal. Asimismo, para representar la poesía eligió a personajes que imprimieron su sello personal en ella, como Arturo Marasso, Ataliva Herrera y la tríada femenina que descolló en la lírica sudamericana: Juana de Ibarburou, Gabriela Mistral y Alfonsina Storni.
Para brindar un amplio panorama de esta efervescencia cultural que vivía la ciudad no omitió a un conjunto de personalidades que señalaron los rumbos del teatro nacional: el dramaturgo uruguayo Florencio Sánchez y los actores Florencio Parravicini y Enrique Muiño. Los músicos también formaron parte del repertorio escultórico de este autor: Juan de Dios Filiberto, sinónimo del tango-canción de la década del ’20, Gilardo Gilardi, en su doble actividad de músico y maestro, por el aporte personal en el desarrollo de la composición e interpretación musical; el compositor brasileño Heitor Villalobos, quien renovó en su país la música clásica con la inclusión de motivos extraídos del folklore y la música popular.
También se ocupó de legar los retratos de los representantes de las artes plásticas, ligados a la corriente que cultivaba los temas y motivos relacionados con personajes y tradiciones argentinas. Es el caso de Benito Quinquela Martín, cuyo nombre está indisolublemente ligado al barrio de la Boca; también en su galería figura Léonie Matthis, pintora de origen francés, que en sus acuarelas recreó con precisión arqueológica escenas del pasado argentino. Con el español Francisco Cabestany y Piñol y su Autorretrato rindió homenaje a la escultura.
Como es habitual en su obra, Perlotti aplicó varias técnicas que se adaptaron correctamente a los materiales elegidos. Algunos retratos fueron trabajados en maderas duras, como el quebracho, donde las diversas texturas se acomodaron al claroscuro que refuerza la expresión; en otras imágenes, el mármol resultó la materia apropiada para expresar con ductilidad los contrastes de luces y sombras en la superficie pulida o bien áspera e irregular, a consecuencia de las huellas del cincel. En los bustos de bronce, las pátinas y las texturas que logró con el moldeado del metal, también incidieron de manera feliz en el claroscuro. Otras obras de este género fueron trabajadas en piedra, piedra reconstituida y yeso, todas ellas con la misma soltura y dominio del oficio que las señaladas precedentemente. Esta cualidad de adaptación a los materiales así como la capacidad para resolver los problemas técnicos, relacionados con la figura de bulto o el relieve, fueron las cualidades que distinguieron al escultor.
En todos sus retratos el artista puso en los semblantes de sus modelos el carácter individual que los distinguía, los estados anímicos por los que atravesaban o la meditación que requería su labor intelectual. Este planteo estético lo conecta con las corrientes realistas y psicológicas que se difundían por entonces.
Monumentos
La obra monumental de Luis Perlotti aborda diferentes tipologías: conmemorativos; funerarios; alegóricos, etc. Por su experiencia en la materia fue requerido en diversas oportunidades por particulares, colectividades, autoridades provinciales y nacionales y gobiernos extranjeros. En el museo se pueden encontrar bocetos, estudios y copias de algunos de los más importantes monumentos realizados por él. Algunos ellos son:
El Monumento Retorno a la Patria, emplazado en Tunuyán, Mendoza, inaugurado el 31 de diciembre de 1950. También debe mencionarse aquél emplazado en el Parque Los Andes, del barrio de Chacarita, que simboliza y rinde tributo a los pueblos autóctonos, Calchaquíes, Tehuelches y Onas, síntesis de los antiguos habitantes del país. Otro monumento del cual el museo conserva varios bocetos y replicas en pequeña y gran escala es el Monumento a los Galeses, inaugurado en Puerto Madryn el 31 de diciembre de 1965, para conmemorar el centenario de la llegada al país de dicha comunidad.
Artes decorativas
Las piezas de arte decorativo, que mayoritariamente, posee el museo, reproducen los motivos indígenas y criollos que el autor profundizo. Jarrones de cerámica policromada, maceteros, faroles, vajillas, vasijas, etc. Muchas de las cuales realizó en conjunto con el ceramista Valentín Cavalieri. Otras piezas interesantes son las artesanías adquiridas durante las primeras décadas del siglo XX, en sus sucesivos viajes a Bolivia, Perú y otros países de América Latina.
Colección Ferraro
La colección Ferraro, donada al museo por la viuda del escultor Lidia Battisti, se compone principalmente de piezas que rescatan casi dos siglos de historia y cultura argentina, a través de retratos y estatuas monumentales de las personalidades más ilustres.
El museo conserva bocetos, estudios y los originales de esculturas que se encuentran emplazadas en importantes paseos y edificios públicos de la República Argentina, así como en instituciones privadas, colecciones y museos.
Algunos de los monumentos y esculturas del autor se encuentran en distintas ciudades del mundo como: Londres, Sevilla, Berlín, París, Génova, Washington, Filadelfia, Miami, Jerusalén, Varsovia, Sofia, Bucarest, Bogotá, San Salvador, Managua, Curitiba, Santo Domingo, Caracas, Asunción, Porto Alegre, Carmelo, Tarija y Guatemala.
Juan Carlos Ferraro (Buenos Aires, 1917 - 2004).
Colección Yacussi
Alfredo Yacussi a través de los elementos del lenguaje plástico intentó reflejar las ideas y sentimientos que conviven en la heterogeneidad de un país como Argentina A lo largo de su vida artística trabajó en el desarrollo de una estética que fuese capaz de conjugarlas, presentando series en las que sus obras evocan las culturas de raíces precolombinas de nuestro noroeste y al mismo tiempo generando otras que citan temáticas urbanas o en algunos casos esculturas, dibujos u objetos que tratan de establecer ciertas analogías y simbiosis entre elementos de ambos mundos.
Desde un principio el escultor se concentra en conocer e investigar las culturas pre-hispánicas desde la concepción filosófica de Rodolfo Kusch, quien no solo va a ser su fuente de inspiración a nivel teórico, sino el maestro del cual se siente discípulo y amigo. En una primera etapa, se va sentir muy atraído por las producciones simbólicas de carácter gráfico mediante las que la cultura alamito se manifestaba elaborando una abstracción del mundo circundante y tomando como punto de partida la reinterpretación y procesos de síntesis formal realizados por el escultor Henry Moore.
El museo conserva cuarenta y tres piezas del artista, entre ellas podemos mencionar: “Muerte y transfiguración de Tupac Amaru”; “Maqueta del monumento para Tilcara”; “Yaguareté”; “Músico del Viento”, etc.
Alfredo Yacussi (Santa Fe, 1941- Buenos Aires, 1996).
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